Noviembre 25. Hoy di a componer la manga y el hábito por estar éste destrozado y me suplí con un túnico. Salieron su señoría, asesor y Duparquet a ver el lugar, me instruí de algunos puntos, leí los papeles del archivo de los tlaxcaltecas. Se presentó reservadamente al secretario, la mujer del teniente de San Sabá. Me regaló un plato de dulce la mujer de Irazábal. Fui con ella a ver la huerta, mal cultivada y con tres ojos de agua que dan la bastante para regarla y el gasto en una buena pila que está en el segundo patio. Me enseñó carta de Esparza en que dice que las minas de Lazaga prometen bonanza. Hay dos parroquias: la de indios era de franciscanos y valdrá seiscientos pesos; la de españoles producirá cuatro mil; cobra los cuatro novenos que subirán a mil pesos; hay seis clérigos: dos curas, dos ayudantes y dos sueltos; tiene la jurisdicción seiscientos sesenta y cinco ojos de agua, algunos cuantiosos. Siguió el secretario con el correo. Escribí a Goya.[1] La noche anterior no pude dormir en el catre de mi casa, por las chinches; le mandé quitar y armé el mío. Perdí la navaja de plumas.

Fray Agustín de Morfí.
Grabado de J. Cisneros.
Noviembre 27. Fui a decir misa por mi hermano a la parroquia que fue nuestra. Es un cañón largo y oscuro, lo mismo la sacristía. En el presbiterio hay tres altares, y en el cuerpo de la iglesia seis. Al evangelio una capilla de bóveda, no muy mala, de San Antonio, con tres altares, todo muy pobre, viejo y sin adorno. Hubo Tercera Orden, que habrá cinco años está cerrada de orden del obispo, porque sin embargo de la licencia del provincial no quiso la mesa[2] reconocer el ministro clérigo. Hay como seiscientos terciarios. El cura[3] echó con ignominia dos frailes que fueron allí a pedir posada. Su ayudante me obsequió mucho y confesé y comulgue a Díaz. Se estaba actualmente en el año santo. Al hacer el padrón se alegró mucho el pueblo persuadido a que se sacaban doscientas familias para fundación de otros pueblos. Iglesias: las dos parroquias, la capilla de los indios, que llaman hospital, donde se celebra todos los meses y la que están haciendo los Arizpes a San Juan Nepomuceno. La toca de las viudas que pende del cuello hasta los pies, semejante al velo de las monjas de la Concepción, es reparable. Buen carnero y verdura; coles las mejores que hasta aquí hemos visto. Está en una loma, al sur de un gran llano, muy poblado y mal cultivado. Es la corte de Coahuila, Texas y León,[4] a veinte leguas de Monterrey,[5] al poniente. Por la tarde fui a ver el ojo de agua, sale al nornordeste, por entre peñas y tierra gredosa por dos ojos que llenan una zanja de media vara y seis pulgadas de ancho y siete pulgadas de fondo; se conoce que sale oprimida por algunos reventaderos que tiene alrededor; al poniente del ojo, corre por un arroyo una paja de agua[6] que se junta al antecedente y nace de un ojo, que según nos dijeron y se indica, está al sur del grande. Las casas son de adobe, mal construidas y sin blanquear, que hace un triste efecto. La iglesia está sin acabar, es muy grande y costosa, aunque sin arquitectura; hoy se suplen con una capilla de la misma, que es un cañón de bóveda, bien capaz y decente, en cuyo altar mayor, nueva fábrica, hay una devota imagen de Jesús Crucificado. La construyó a su costa doña Josefa Baez Treviño.[7] Tiene una gran torre no acabada. La nueva iglesia tiene sesenta y ocho varas de largo y catorce de ancho, con el alto respectivo.
NOTAS
1 Don José Antonio de Goya. Encargado de la tienda de don Manuel de Ureta y San Juan, en Durango (1778).
2 En este caso lo mismo que discretorio.
3 Don Agustín de Acosta, cura, vicario y juez eclesiástico de la villa de Santiago del Saltillo.
4 Nuevo Reino de León.
5 Ciudad capital del estado de Nuevo León, sede arzobispal.
6 Una paja de agua equivale a 0.46 litros por minuto.
7 José Eleuterio González en sus Apuntes para la Historia Eclesiástica, etc., página 305, dice que los mineros de la Iguana “dieron toda la plata que se sacara de las minas en los sábados para el Señor de la Capilla de Saltillo. Donación que produjo más de cien mil pesos”. La imagen se colocó en ella en 1762.